Eva Cabrera

Soy Eva, una mujer de 53 años, migrante y viajera, con el corazón dividido entre Barcelona, mi ciudad natal, y Suiza, el país que ahora me acoge. Enamorada de las calles bañadas por el sol mediterráneo, nunca imaginé que mi vida tomaría un giro tan radical, llevándome a este rincón de Europa. Suiza, tan hermosa y llena de naturaleza imponente, con su gente cálida pero reservada, su cultura tan distinta, sus costumbres tan arraigadas. Y el idioma… ¡Ay, el idioma! Para mí, ha sido el mayor de los retos.
Al llegar aquí, muchos me decían: “No te preocupes, Eva, tú que hablas catalán, no te será tan difícil aprender el francés”. Pero lo cierto es que se ha convertido en un obstáculo enorme. ¿Será la edad? ¿Será que mi mente aún pasea por las Ramblas de Barcelona, imaginando los aromas, los sonidos, el bullicio de mi ciudad? ¡SOCORRO! A veces pienso que mi mente está en un estado de bloqueo, como si mis neuronas se rebelaran contra la idea de incorporar este nuevo idioma a mi vida.

Me digo a mí misma, casi en un diálogo interno constante: « Eva, tienes que aprender francés, lo necesitas para trabajar, para relacionarte, para salir, entrar, bailar y saltar en esta nueva vida que te espera ». Pero, por alguna razón, mi cuerpo parece no querer obedecerme. Es una lucha interna, lo sé, pero también sé que esto cambiará. Estoy en una nueva etapa, en un nuevo capítulo de mi vida, y aunque el idioma sea un desafío, tengo la certeza de que encontraré la manera de superarlo.

Como migrante, llevo conmigo tantas habilidades, tantas experiencias que me han formado y fortalecido. He aprendido a adaptarme, a ser resiliente, a enfrentar desafíos en el camino.
Suiza es sólo un nuevo escenario en el que seguiré aprendiendo, creciendo y, finalmente, integrándome.
Tal vez no sea fácil, tal vez requiera más tiempo del que pensé, pero estoy segura de que el próximo capítulo de esta historia será mejor.

Laisser un commentaire